Es un procedimiento que permite explorar el funcionamiento cognitivo de un individuo que comprende las áreas de: memoria, atención, orientación, cálculo, lenguaje, funciones ejecutivas y funciones visuoespaciales. Se utiliza una batería de tests estandarizados, administrados por un profesional especializado en la materia, y consta de dos entrevistas de una hora y media, luego de un análisis exhaustivo de los resultados se entrega el informe final.

 

 

La evaluación sirve para:

  • establecer la causa de las fallas de memoria u otras funciones cognitivas. Delineando  un el diagnóstico diferencial entre fundamentalmente trastornos demenciales y alteraciones psicológicas: muchas veces estas fallas corresponden a un cuadro de ansiedad o depresión.
  • evaluar si las fallas presentadas son las esperadas para la edad del paciente.
  • Monitorear el curso o progresión de una enfermedad ya detectada.
  • Documentar el grado de recuperación de una determinada enfermedad neurológica en recuperación.
  • Evaluar los efectos de una intervención quirúrgica o de rehabilitación neurocognitiva sobre el funcionamiento cerebral.

 

Dependiendo de la naturaleza del problema y de los resultados de la evaluación, se brindarán determinadas recomendaciones. Estas pueden incluir cambios en la medicación, indicación de un programa de rehabilitación o “estimulación cognitiva”, diferentes tipos de terapia o simplemente sugerencias y estrategias para reforzar determinadas habilidades y compensar las debilidades